La sociedad justa debe maximizar las mínimas
oportunidades
y condiciones de vida ofrecidas por el sistema social.
Thomas Piketty
Todas las
gestiones de gobierno obligan a un balance. Y tratándose de la administración
pública que resultó de un tsunami electoral, como la de Andrés Manuel López
Obrador, con mayor razón. El mandato popular demandó un cambio en las políticas
de gobierno para sentar nuevas bases en la distribución de la riqueza nacional
y abrir oportunidades en la vida laboral, en el derecho a la salud, a la
vivienda y a la educación, como no se han tenido desde hace muchos años.
Si
tenemos que hablar de aciertos en este gobierno, digamos que la pensión
universal ampliada para los adultos mayores es uno de ellos. Ni duda cabe que
los recursos destinados a este segmento de la población, ha mejorado
sensiblemente su existencia. Sin resolver todos los problemas que la tercera
etapa de la vida plantea, el nuevo trato pone a los adultos mayores en mejor
situación. Junto a ello, el programa de becas Benito Juárez es otra de las
cosas buenas, pues el ingreso que llega a los jóvenes que asisten a las aulas,
les permite sortear los gastos centrales en útiles y hasta de alimentación en
los horarios de clase.
La
creación de universidades en zonas deprimidas es también un acierto, pues abre
oportunidades de formación académica profesional en puntos geográficos pobres
donde no hay alternativa. El combate a la corrupción ocupa un lugar muy
importante, porque ha sido el cáncer que enfermó a las instituciones, sin
excepción. El daño a las mismas ha sido tan inmenso que llegó a
desnaturalizarlas en su función. La labor que abatirá la corrupción no se
termina en un año, demanda de varios.
Otra
de las cosas que hay que mencionar es la austeridad republicana barrió con los
gastos suntuarios del presidente y del gabinete, pues desaparece el estado
mayor presidencial y limita los gastos administrativos prescindibles. Pemex
vuelve a tener sentido para los mexicanos, pues se le está sacando del profundo
hoyo de las deudas al que lo llevaron adrede otras administraciones, se
recuperan desvencijadas refinerías y de crearan dos nuevas, y se detiene la
venta de reservas en aguas medianas y profundas.
La
Comisión de la verdad, tan sentida como necesaria, cobró vida en esta
administración de AMLO. Con todo lo complejo que sea investigar a estas alturas
el caco Ayotzinapa y luego todo el fenómeno de la
desaparición forzada de personas en todo el país, el reto es poner en manos de
la sociedad la verdad sobre los hechos, con el fin de que la justicia también
tenga un espacio para concretarse. La paz en los corazones de las familias
afectadas debe llegar de nuevo y la gobernanza del país debe tomar su andadura.
Pero
hay cosas donde la carreta de la gestión pública se ha atorado. El primer tema
que viene a cuento es el de la inseguridad. La violencia mantiene sus fueros y
se ha incrementado, volviéndose en uno de los dos problemas centrales del país
junto al del crecimiento económico. La violencia obliga a ver tres vasos
comunicantes: la vecindad con los estados Unidos, el arraigo de décadas en
muchas coordenadas geográficas del país y el daño al tejido social, y los mil lazos
con la corrupción que aún sobrevive.
Después
de lo sucedido en Michoacán, Guerrero, Culiacán y Sonora en materia de
violencia, el claro que falta una estrategia más completa y contundente para
abatir la violencia. Hay elementos muy positivos, pero faltan otras medidas que
sin alimentar esa violencia, le ponga diques y
valladares.
Es
cierto que hay mejor atención a los familiares de personas desaparecidas, pero
una de las cosas que el gobierno y la sociedad debemos tener muy claras, es que
por más eficiencia que haya en la localización de fosas clandestinas y
recuperación de restos humanos, a final de cuentas lo más importante es contar
con una política que detenga la práctica de la desaparición forzada. Porque
hasta el día de hoy, sólo vamos atrás de los criminales que desaparecen
personas.
Digamos
también que donde hay que volver a recuperar la tradición de nuestra política
internacional, es en el trato a los inmigrantes, particularmente a nuestros
hermanos centroamericanos. En política de asilo, hemos dado una lección al
mundo, en especial al imperio, al proteger a Evo Morales de Bolivia, pero hemos
sido muy sensibles y quizá débiles respecto al trato dispensado a los
inmigrantes centroamericanos, que a final de cuentas no buscan quedarse en
nuestro territorio, sino migrar hacia los Estados Unidos. No tenemos porqué hacer el trabajo que le corresponde a nuestros
vecinos. Somos partidarios de profundizar la Cuarta transformación del país. No
tenemos derecho a detener el verdadero progreso del país. Vale.
Profr. Oscar Loza Ochoa
Comisión de Defensa de los Derechos Humanos en Sinaloa/Jesús G. Andrade #475 Desp. 8/Culiacán, Sin./CP 80000/ Tel. (667) 712.56.80/oscar.lozao@gmail.com